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miércoles, 8 de junio de 2016

1 NAVAJA DE CABALLERO





Hubo que cerner mucha mies luego de ablentar. Que esta más menuda que aguja si se usase hipérbole, que si no, una cerilla tan solo. En el encuentro hubo centellas, ojiplático se quedara, tanto por lo contenido de su ser como por sorpresa. De plata alemana las virorillas, con acanaladura, lisura entre platinas-cachas, hoja; hojas firmes con memoria de muelle. Han sido estas mordidas por la muela, pero algo tan solo, que es mucho dadas las medidas microbianas. No se le halló punzones a esta minucia con delicadeza de estambres. Alemana, inglesa...pues este patern es conocido allí. Si más alargada fuese, la delgadez la convertiría en un "catador de melones" (melon tester), si con sierra, una teutona como las monta Linder sin melindres tantos como sí posee esta. Las hojas opuestas definitivamente la colocan en los rubicundos sajones. 

Queda por averiguar la bondad de las cachas. Se ven que han atesorado tiempo, que perdieron blancura en sus solajes; amarilleces han manchado con ocasión la superficie cabe la virola. No se observan poros de hueso, ni se ha abierto como cebolla el asta bovina...Qué sea será de la belle matiêre, eso seguro.
















miércoles, 1 de junio de 2016

3 NAVAJAS A ESTAJE DE RAFAEL WÍZNER







No es esto traca, no lo pareciera. Pero luminosa palma la breve panoplia de estas de Rafael Wízner. Todas a estaje; encabadas a maravilla la última y la prima. Como ya hayan sido presentadas las de asta de toro (pavón real, más que cuerno) y la 
de concha (rarísima materia esta que no lo es natural pero sintética como mejor se pudiera encontrar) se hizo hincapié en las nacarinas. 

Son hermosas y dejan escuálida cualquier laguiole por anchas. Llenan la mano bien, la colman sin impedirle. Muy buenas se presentan para el corte en almuerzo, y no tendrán comparación en tajo de embutido y queso; valdrían para cebarse en pernil o desollar un corcino.

No son barateras, ni se las encuentra ya donde se las busque sino en la bolchaca de Rafael Wízner. Puede observarse sin guiñar ojos el entretenimiento que tienen; véanse los limazos de la cachicuerna, su precisión, su presión, su constancia, si ritmo, su compostura, su equilibrio de electricidad. Eléctricas las devuelve Rafael si quiere. Los ojos de perdiz, las orejillas recortadas, el contraste del latón y el acero o chapa. No mereciera más que mirarse y admirarse, uno y ciento.  No cupiese tanto jabón por merecido que fuese porque pudiera fastidio caber en torpes palabras, cansinas. No obstante uno no puede abstenerse ni la contención cabría al verlas, aparejadas, cortantes, filosas, iridiscentes, honradas y raras. Más se tuvieran, ojalá. 

Ya se viera a Manuel González en Tomelloso sacar en casa de la Rocío una tal, para aquietarse  de las lisuras ante su café con churros.







sábado, 10 de octubre de 2015

3 NAVAJAS DE ESPAÑA Y FRANCIA: NAVAJA CABRITERA PELÁEZ/COUTEAU LE CÉVENOL

 En Gall. Allí una tienducha de antes, en los rayos de sol que traspasaban el escaparate había constelaciones de polvo que levantaban solo las ávidas miradas de los excasísimos clientes. Se entrara para comprar. Se estaba una mujer, dómina, con la peluquería recién aplicada y lentes de doradísima armadura. Rondó los 70. 


















 Esta fue señora de su angosta botica y reinó dando no lo que se pedía sino lo que necesitaba vender. Aunque ya en el cierre después de decenas de años se descubrió el emporio pobre, no dejó ni un breve segundo de avasallar, de negar, de proponer compras fallidas, de poner cepos, de contrariar.

 Una Peláez morena, con jaspeo que traía ojos de perdiz a dos perfumes (el de acero y el de latón). Se le rogó a lo mostrenco que necesidad se tenía de manoseo y contraste. No, no, no, no...y brevemente, no. 





Se descubrió ya de vuelta en el sancta sanctorum que la punta de la girodías estaba tuerta más de diez grados, sino quince. Otro mes, quizá de otro año, se vio que falta había donde suelen pecar esta clase, en el pico. Faltara un pellizco de asta. Pasaran desaires, descontentos, desencuentros, decenas de navajuelas más, cuando se vio que la hoja padecía de mareos por el mucho  baile que la hojilla daba tamándosela de la punta y apretando mano contra  muñeca: vaivén y vahídos se tuvieron.  
  




 Ya no existe (una tienda de engaño esotérico se aposentó en su mismo sitio, y aún otras de menos sentido se sucederán pasados los años).






En ca L'esmolador de la Calle de las tiendas se me explicó a la tremenda el porqué del nombre: el degüello de cabritos. No me lo creía ni aún lo creo. Alternativa de las vulgares de teja o de orejas tan proclives al baile de hoja cuando el talón se come parte del agujerillo del seguro. La poseyeran los forestales, los bomberos de monte, un niño de los sesenta o propios Féliz Rodríguez de la Fuente y Manuel González, jefe de la policía municipal de Tomelloso. No tiene tetón que impida que el filo bese cada vez el seno del muelle; este suele ser delgado como estambre de flor de acacia. Mayores reciedumbres se piden. Hoy las labra pulcramente Francisco Valencia. Habrá que demandarle que las engorde más de una miga para sacarlas de la tristeza de su flojedad.



miércoles, 7 de octubre de 2015

2 NAVAJAS DE ESPAÑA Y FRANCIA: NAVAJA CABRITERA JOKER /COUTEAU LE CÉVENOL JOKER


Fue comprada en Ca l'esmolaor (del afilador), calle de las tiendas, en Játiva. Había unas tablillas agujereadas donde se presentaban las navajas sujetas por gomillas; por encima, unas tiras magnéticas sujetaban también algunas piezas de corte. Se exponían en el umbral de la portezuela, y resultaba imposible no verlas ni aun desde la calle. Muchas veces pasara Hefesto y las mirara tal como se suele los timbres en una finca urbana.



El amo, redondo, menudo, calvete y bullidor -como lo son los feriantes- la tomó, enarcó el lomo, ahuecó las piernas juntas como si el padre Job sujetase a su hijo en la intensa hora del sacrificio y gesticuló pasando el filo por el gaznate de la bestezuela imaginada. "Cabritera...y así, los pastores, para el degüello de chotos". Una y otra vez, mecánicamente y perdiendo energía gestual, agitaba la mano en un vaivén tremendo. Se compró en pesetas, creo, y no
 es de las mejores pues tiene en el extremo, hacia el pico, las platinas separadas del muelle.


Pinchó sin cortar hasta que la visitó Nebot (D. Antonio Rodríguez); cumple todas las especificaciones de una girodia o cévenol. Gustó, pero más si tuviese carbonilla en la hojuela de sauce. De las más logradas de Joker, de la que disgusta hasta el nombre. 











Llevada fue para almorzar cuando se da de mano en el trabajo. Conoció los jardincillos del río de Canals aquellos días, y compaña queda fue. En esto se la estimó.

martes, 29 de octubre de 2013

3 NAVAJA DE PAISANO DONJON. Y EL CAQUILERO/PHOTOS DE COUTEAUX LE DONJON


Hojas de azada o azadón, de escabillo u hoz. Tan grande es la de este que se adivina su filogenia aun antes de abrirla. Anchísima hoja, como la de los arbolillos lustrosos de los márgenes. Tal el caquilero. Hubo uno en la calle del Almendro, antes de que el parral medre y se convierta en mar. Sus hojas enceradas eran oscuras y brillantes, y cuando el frío las tumbaba con el viento quedaban como satélites algunos frutos pesados y de un color encarnado. 

Aún alcancé a ver algunos colgados en las cañas en espera de que se desasperezaran. Siempre me los representé como planetas bulbosos. Demasiado dulces y de textura blanda, no los tuve en mucho; pero al árbol, sí. Qué lejos de suponer su origen y nobilísima utilidad. Su madera se usara en los arcones de lujo, como dote ( los que vieron recién arribados los jesuitas  tuvieron bisagras con perfiles de salamandras). Molida su fruta seca como higos, eran alimento en invierno. Y los samuráis menos coléricos llevábanlos junto con recambios de galuchat para empuñaduras de cabos en espadillas. Entretenían así las caminadas entre castillos hasta que toda la isla se apaciguó.










Pasa este de los 12 cms, y con él se pudiera coger manojillos de alfalfa valiéndose como si hoz fuese. Fomidables tamaño y función. Más y mejor labrado, no desmerecerá de los corrientes laguioles. De asta de toro, creo, a lo tosco en el extremo del mango rehecho. Los rivetes se han puesto con ojos de perdiz o rosas (seis en total). La virola de acero al carbón, igual que las platinas -si es que no son de hierro-..