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sábado, 9 de enero de 2016

17 NAVAJAS DE ESPAÑA Y FRANCIA: NAVAJA TONEL ESPAÑOLA-COUTEAU LE TONNEAU



Cumple esta y guarda las apariencias en la mayor parte de sus correspondencias. Mírense las virolillas con líneas incisas, mírense las simetrías, el volumen cilíndrico de cigarro fino, el resorte de pistón...y el apaño rústico y general. No las guarda la hoja, de punta centrada o  borbónica, que debiera ser de estilete inglés, es decir, de punta caída y filo recto o pata de oveja.


No sea esta la más usada, no la más hallada, no la más fabricada. No, no se ven tonelillos en los rastros, almonedas, anticuarios o museos. Hefesto no los haya encontrado. Sí alguno maltrecho sino descompuesto. Fue, el que se presenta, adquisto en los puestos de lance del puerto de Barcelona. Lo tenía una rusa que usaba bata floreada y pintalabios carmesí que también floreaba la ajada blancura de su rostro, redondo e infinito como la estepa que describía Sholojov... Se le regateó y no hiciera esfuerzos pues aceptara la mitad de lo pedido, con lo que se tiene por cierto que en realidad no cediera en nada en su previsión. Junto al pequeño había uno grandón, de cachas acrílicas rojas que ya no sostenía su hoja sino que malamente la guardara. Otro solo más se vio en ocasión diferente y distinto mercado; como estuviera más para retiro que venta, allí se estuvo con su dueño calé.








El punzón da testimonio de su lugar de nacimiento pero nada del taller que lo montó o del almacenista que lo vendiera. Aún pistonea algo, pero por respeto no será afilada la hojilla de olivo que tanto tiempo estuvo abierta o cerrada, aunque quieta.



jueves, 15 de octubre de 2015

4 NAVAJAS DE ESPAÑA Y FRANCIA: NAVAJA CABRITERA DE ISMAEL LAGUNA/COUTEAU LE CÉVENOL







Esta de Ismael Laguna; Lagunilla, pues. Agenciada en Madrid, donde la cueva de Alibabá (quiérase entender aquella cuchillería-antro de la calle Atocha). Más de señor que de rabadán esta cabritera con cacherío de concha en su imitación. Plana, como en España se suele, que no redondilla. Con ojos de perdiz en aluminio (?), virola a tres lados -y no en triángulo como en Francia-. Muy contenida, cabrían sus cinco docenas en la mano rústica de un ganapanes. 



Todas, sino alguna, pecan por el pico; que muy mal rematado se está, particularmente el de la cacha izquierda: son navajuelas de una sola cara (así el baraterío en España). Que no esta que no atenta en esto. Elegante, más de cura bachiller si platinas y rosas florecieran entre alpacas o latones doradillos. Entonces, claro, más de Nogent que de Santa Cruz. Tiene el talón cuadrado y forma una inestable escuadra mínima. 








Mondadora de gollerías en manos desenvueltas a la cuchilla; aquellas naranjas imperiales con sangre de almíbar, aquellas longanizas magrosas y finas apimentadas para el acicate del vino de sacristía, aquellos líos de mantecadas en bramante; aquellos cuartillos de chocolate conventual que se rayaban; aquellas conversaciones en las que se pegaba hebra con mayúscula civilidad en los compartimentos colmados de los trenes borregueros que se iban desde Los Barcelonas a Andalucía; aquellos chumbos que se ofrecían desde los bardales de la casa del factor...











sábado, 10 de octubre de 2015

3 NAVAJAS DE ESPAÑA Y FRANCIA: NAVAJA CABRITERA PELÁEZ/COUTEAU LE CÉVENOL

 En Gall. Allí una tienducha de antes, en los rayos de sol que traspasaban el escaparate había constelaciones de polvo que levantaban solo las ávidas miradas de los excasísimos clientes. Se entrara para comprar. Se estaba una mujer, dómina, con la peluquería recién aplicada y lentes de doradísima armadura. Rondó los 70. 


















 Esta fue señora de su angosta botica y reinó dando no lo que se pedía sino lo que necesitaba vender. Aunque ya en el cierre después de decenas de años se descubrió el emporio pobre, no dejó ni un breve segundo de avasallar, de negar, de proponer compras fallidas, de poner cepos, de contrariar.

 Una Peláez morena, con jaspeo que traía ojos de perdiz a dos perfumes (el de acero y el de latón). Se le rogó a lo mostrenco que necesidad se tenía de manoseo y contraste. No, no, no, no...y brevemente, no. 





Se descubrió ya de vuelta en el sancta sanctorum que la punta de la girodías estaba tuerta más de diez grados, sino quince. Otro mes, quizá de otro año, se vio que falta había donde suelen pecar esta clase, en el pico. Faltara un pellizco de asta. Pasaran desaires, descontentos, desencuentros, decenas de navajuelas más, cuando se vio que la hoja padecía de mareos por el mucho  baile que la hojilla daba tamándosela de la punta y apretando mano contra  muñeca: vaivén y vahídos se tuvieron.  
  




 Ya no existe (una tienda de engaño esotérico se aposentó en su mismo sitio, y aún otras de menos sentido se sucederán pasados los años).






En ca L'esmolador de la Calle de las tiendas se me explicó a la tremenda el porqué del nombre: el degüello de cabritos. No me lo creía ni aún lo creo. Alternativa de las vulgares de teja o de orejas tan proclives al baile de hoja cuando el talón se come parte del agujerillo del seguro. La poseyeran los forestales, los bomberos de monte, un niño de los sesenta o propios Féliz Rodríguez de la Fuente y Manuel González, jefe de la policía municipal de Tomelloso. No tiene tetón que impida que el filo bese cada vez el seno del muelle; este suele ser delgado como estambre de flor de acacia. Mayores reciedumbres se piden. Hoy las labra pulcramente Francisco Valencia. Habrá que demandarle que las engorde más de una miga para sacarlas de la tristeza de su flojedad.