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miércoles, 13 de marzo de 2019

NAVAJA DE RAFAEL WÍZNER EN ACRÍLICO DE TIGRE-COUTEAU DE RAFAEL WÍZNER EN ACRYLIQUE. FRANCISCO LEÓN, EL MEJOR CONTADOR DE HISTORIAS DE TÍJOLA







EL MEJOR CONTADOR DE HISTORIAS DE TÍJOLA

Francisco León vive aún, al parecer, en la calle Oliveti de Tíjola, provincia de Almería; y aquí se le trae por ser el más fantástico contador de historias que imaginarse pueda. Siempre se le vio conectado a un Ducados, boqueando humo en los calores horribles agosteños, cuando el aire viene de arriba. Maestro del palustre, se hizo su propia casa con ayuda de su suegro Ramón. De tres pisos. Se le recuerda hurtando su cuerpo de Sansón a la estricta sombra que en aquella calle solo se daba de refilón, que hasta uno había de ponerse se puntillas para no abrasarse el empeine.

Podría haber llevado sahariana como Wayne en Hatari, que el cincel humano le dejó rostro de estrella de cine, bien para el neorrealismo, bien para el hollywoodiense de los cincuenta. Entre Anthony Queen y Kirk Douglas. Frank Lyon, del barrio alto.








Excedía contando, mientras con la vista ida en pos del humo, se abismaba. Dominaba el bufido, las guturalidades, el gesto grave de romano procesionario, la contención. Era rico en giros y gustosos dichos, modulador del lenguaje colorista del pueblo en el que vivía. Ningún anglicismo, ningún cultismo de telediario, ninguna palabra vana, sino todas grávidas de matices y peso. No hacía alardes vanos, ni se tenía por nadie que no fuera él. De su macuto aparecían los acentos olvidados de los antiguos oficios; y en el uso verbal, en el palique de la anécdota era demiurgo, pontífice y mago.

Que toda la vida pareciera que hubiera ensayado discursos en la soledad de su persona. Tal parábola les daba a los decires que por disimulado se le tuviera. Dos pistolas y una de ellas oculta, al contar. Magno arte este de recibirte con socarronería y arrebatarte en palabras.




No está la memoria para portentos, que malamente se recuerda uno de esta o aquella ocurrencia.

-Que estaba Frasquito el de Adolfo buscando por ahí por encima de los Cortijicos capota en un barranquillo y ven...-se corta y detiene Francisco para el tiro del cigarro y para que la carcoma marque el paso del tiempo- ... parecía que volaba, en dos ancazos..."fummm" -movía como Karajan los brazos- se acercó tan callando como una ortega escondía. Uno de esos tigres, que había un circo por ahí arriba, por Caniles...

No se puede traer aquí la música ni la expresión. Tal gravedad ponía que por verdad era tenida cuanto pintaba con su cuento. Que pareciera que estábase uno en un campamento escuchando la historia de un viejo cazador cuya voz le prestara Rudyard Kipling. Él, Francisco León, fue en muchos ratos la interpretación viva de algún novelista taimado  y bravucón que se escribiera a sí mismo en las verdes colinas de su corazón espinado.










sábado, 9 de marzo de 2019

2 NAVAJA MACHETE DE RAFAEL WÍZNER EN MADERA DE ALMENDRO (LA CALLE DEL ALMENDRO DE BAYARQUE)










LA CALLE DEL ALMENDRO DE BAYARQUE, ALMERÍA

La calle del Almendro de Bayarque, Almería, tomó al parecer nombre de uno añoso y sombrón que había en la orilla que daba a los paratos. Una porción de bancales que desde el río subía hasta besar el pueblo, jardín de provecho poblado por pajarerío, la limitaba contra las casillas. Este árbol dulce ya no está ni estuvo cuando Hefesto niñeaba en aquel pueblo que hoy ya no existe. Se supo de él por la madre. Al final de la calle más distraída de verduras de las que había, en el número 1 vivieron Isidro Mirallas Martínez y Remedios Mirallas Pérez, los abuelos, tan benignos para nosotros que aún su sombra nos alcanza. Enfrente, Recaredo y Paca, de muy buena vecindad. La casilla familiar fue levantada sobre corraleja, y allí se formó plazuela, mínima. Si perdía uno pie, se iba a la Polaca, al partidor, que tantas pelotas de niños tragara. Una piedra de majar esparto había en el declive que llegaba a la acequia, y por encima, los huertecillos familiares de Paca; y allí un almendro, otro. De este se creyó que era el que bautizó la calle. Se tomaban de él tiernas allozas para la chiquillería, y para el majado de ajoaceites.

Tenían los abuelos en la cámara un espuertón de mucho rodal, colmado de almendras secas que se traían de la gualeja del río. "Subid, niños, a la cámara y comed almendras, comed, que eso es muy bueno, niños." Y se hacía. Con un grueso clavo de forja se las quebraba en su perfil, mientras se las tomaba como hacían los mayores. Nunca la espuerta, en todos los años que se atacó, llegó a enrasarse; y las nuevas se juntaban con la viejas, con lo que daba placer tomar de unas y de otras y adivinar el tiempo con el paladar.
También se perdieron aquellas almendras fósiles, y la espuerta gargantuesca y el clavo recio, y las sombras. 

Antes de que se disipen más, se tendrá que referir que el almendro nunca fue árbol dilecto, como sí el peral de peras de pan, la noguera, las mimbreras, el pino dulce, y los pálidos álamos en el arenal del río. No era el almendro pujante, que tenía el medro dificultoso en los secanos. Y no daban para trepar sus mezquindades. 

Fue aquí, en la vega más sonora que imaginar se alcance en cantos de ruiseñor, de pajaras negras, de colorín, de chamarices eléctricos, de pesados verderones, de palomos zureadores, de zorzal, de herrerillo, de cuquillo y, por encima, en las bóvedas,  de los abejarucos que tenían en sus alas puñales, aquí fue, digo, donde se vieran hojas de navajas, las primeras, anchas y oscuras, en aquellas manos.







sábado, 19 de agosto de 2017

NAVAJA MACHETE DEL NÚMERO 2 DE RAFAEL WÍZNER, EN PALO DE SERPIENTE
















Se pasaron las culebrillas de Almería a Játiva. Aquí también escamearon siempre, en los retablos de las iglesias de San Pedro o bajo la bola celeste desde la que irradiaba su gracia la virgen de la Inmaculada, la de la medalla, en  el colegio de niñas del mismo nombre. Pero no solo en la penumbra de lo sagrado. En el colegio de Alejandro VI, solo de niños, que lindaba con el anterior, se diera la primera exposición de Hefesto en el curso de 6º de EGB, grupo C. Probablemente auspiciada por don Félix, maestro interino, que entre convicciones  entusiásticas amaneció allí, con su figura sino juncal sí de jayán desaliñado. Concitó este buen maestro joven simpatías, cercanías y aplauso infantil. 

Fuera la exposión preparada a partir de la Enciclopedia de la fauna  de Rodríguez de la Fuente. Versara sobre las formulas dentarias de los ofidios (mucho se extrajo de ella, de sus tecnicismos románticos, y se aprendiera hasta geografía, más que en todos los libros de sociales, con sus predios, yermos, cárcavas, desmontes, garrigas, torrenteras, farallones, atalayas...y un innúmero de buenos sustantivos que pintaron el rostro de España). Resultaba que en dibujos muy bien iluminados, al margen de los textos, se explicaban cuestiones de mucha especificidad de modo tan fino, que lo que no se entendía, con los ojos se alcanzaba o, al menos, lo pareciera.  Con mucha simplicidad -y no menos verdades- se indicaba con puntos rojos las incisiones que un oficio dejara en un mordisco ideal. Así, si había solo dos pequeñas marcas de circulitos anchos, resultaba que una víbora te había picado. "Dos pequeños puntos sanguinolentos en el dorso de la mano, es que os picado una víbora y tenéis ponzoña en el cuerpo". Interrumpió alguno de aquellos rufianes y para indicar que entonces había que chuparse la herida. A lo que se respondió mientras se echaba el índice sobre el pobre dibujo de la pizarra: "No es buena idea, pues si se tienen hemorragias internas, el veneno pasará al torrente sanguíneo". Así, información extraída de Sesión de tarde. Se explicó el mordisco siguiente: "Si tiene más puntos, no solo dos, y no están cerca uno de otro, la serpiente es de tierra y no es venenosa". Más se dijo sobre el porqué de cada "formula dentaria" antes de pasar al último dibujo: "Y si tienen muchos puntos y muy cerca, señal clara de que la culebra es de agua... Sujetan los peces resbaladizos para que no se los lleve el agua corriente con esos dientes pequeños, múltiples y finos". 

La exposición fue - y la tengo aún por ello- la mejor que se hizo entonces entre aquellos colegas de Alejandro VI, y bastante más clara y lucida que las que yo, Hefesto, tristemente después he dado. Hubo más, no obstante. No se quedaron ni las culebras ni Hefesto en los libros. Habrá de traerse cuando en una mañana fresca de octubre, buscando nízcalos en la comba suave de un chaparral por la sierra de Enguera, el niño se topó con una culebra de escalera que atendía la debilidad de los primeros rayos de sol. Se la apedreó, a esta y a otra que a muy escasos metros se estaba a lo mismo: "Mejor muertas que escondidas, que luego uno se despista y si pone la mano en una seta..." Fue reprendido con suavidad por el padre que oyó la explicación de los hechos. Nunca más se mató, a lo que se figura, ninguna otra culebrilla. Cuando el hermano pequeño, espabilado, bullidor, se hizo pescador sin que nadie lo adiestrara solía traerse criaturas encarceladas en botes de cristal. La madre se encontró uno de aquellos en el que dentro dos crías de culebra acuática de collar, delicadas como lombrices, se debatían en silencio. Pronto fue mandado Hefesto para darles suelta, y así hizo. Y en el castillo de Játiva, a la subida en un domingo de primavera una diminuta se tomó para impresionar a las mujeres de la cuadrilla; tan poco era que tomaron lástima de ella y recriminaron al bravucón. Alguna más se tomó por el lugar en otra ocasión con pobrísimo lucimiento del capturador-tomador de serpientes. 

En una difícil sinécdoque, se trocó el herpetólogo en culterólogo fracasado. Viera en las navajas, aparte de la forma, el frío, la sangre, las refulgencias, el imán de ojos y manos, su figuración en los retablos y la escasez, que mucho dura.



NAVAJA MACHETE DEL NÚMERO 2 DE RAFAEL WÍZNER, EN PALO DE SERPIENTE










miércoles, 21 de octubre de 2015

NAVAJA MACHETE DE PIEZAS EN NÁCAR-COUTEAU ESPAGNOL À PALANQUILLE AVEC CÔTES EN NACRE

Je l'ai trouvé aux marché des puces. Le couteau était sur le sol et sa peau brillait timidement.



La lame avait été changée (la nouvelle appartenait à un couteau à légumes ...), le blocage ne fonctionnait pas; Le maillechort était sale et rayé.





Je sentais qu’il y avait des chances, que sa peau était celle d’un chérubin. 




Je voulais que le couteau parlât à Nouveau, alors la musique pythagoricienne des étoiles sonnerait.



Bien sûr, j'avais bésoin d'un philosophe ou, plutôt, d'un coutelier patient.


Comme un personnage de Dickens, le couteau obtint la vie digne, légitime selon sa
nature.





Ceci est la "némésis" du précédent (Ed Mongin à palanquille): un couteau fabriqué en Espagne, au gout que un touriste –français par exemple- pourrait apprécier et, bien sûr, payer.


Ce couteau n’était pas pour le paysan, mais pour le mettre à la poche d'un étranger.




Comment a-t-il retourné en Espagne je ne sais pas le dire. Cet objet a une histoire particulière, inconnue, un défi; donc je l'ai acheté.





 Fue Francisco Valencia Linares quien quitó la hoja postiza (se puede observar en las primeras fotos que a la altura de la uñeta aparece el punzón Arcos) con su talón forrado de latón (muy curioso arreglo ennoblecedor -cuesta pensar por qué al mismo tiempo se le compuso una hoja tan mala y disonante-), quien la operó de la articulación del eje y calibró de nuevo el bloqueo, quien con policía la desrayó, la desenrobinó y la lustró; quien la haució y restauró.