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jueves, 11 de enero de 2018

IV NAVAJAS ANTIGUAS RESTAURADAS POR RAFAEL WÍZNER-ANCIENS COUTEAUX SPAGNOLS

IV: EL PETARDEO DE UN SIMCA 1000









(CONTINUACIÓN)
-Lo mismo que a un piano las afina -retomaba la conversación interrumpida por las dos mujeres, y movía la mandíbula hacia las piezas sobre el banco de trabajo.
-O que a un descalabrado. Les tengo que mirar la columna y quitarle pitos de pulmones -completó alegoría  Wízner.
Ante la exagerada perplejidad del profesor se explicó el artesano.
-Mire, estas holguras... ¿Ve el espacio entre muelle y cachas? Por ahí respira, y sin resuellos. Hay que quitarlo, que la respiración en navajas es chapuza de cuchillero.
-O vejez.
-Sí, pero más lo otro. Lo que se suele descomponer es la sujeción del muelle sobre el talón de la hoja. O que la hoja que es más dura que este muelle se come metal y ya no se encasta bien.
Entendía todo Vizcaíno y recibía las paráfrasis del compañero con parecido placer del que las daba.
-Es que las compra hoy en la pantalla, sin toquetearlas.
-Y se las traen a usted, que es el médico.
-Bah, no tantas. Solo arreglo alguna y con ello, ya sabe usted, me entretengo. A esta, que seguro que es de Santa Cruz, le puliremos la hoja sin perjudicar los grabados...
-Sí, que los coleccionistas tienen muchas delicaduras.
-Mire, esta asta se pule -y le mostraba la más grande de las tres-, y se remoza. Y lo mismo con virola y rebajo. Mire -le mostraba un machete de cintillos-, esta chapa renegrida quedará patenera. Y lo mismo esta -señalaba Wízner el punzón- de Zafrilla.
-Tan apretadas como nuevas no quedarán; no creo que chasqueen como si fueran de las suyas...-incitaba Vizcaíno con guasa reconcentrada.
-Casi o igual.
-Empiece usted con la muela, que me esperan en la clínica de Dª Rosario para verme el jarrete...
-Póngase ahí encima y yo se lo compongo -se chanceó el cuchillero.

Un Simca 1000 petardeó tras la persiana de rollo ensordinando  risas y  toses que se salían del taller.
FIN













lunes, 8 de enero de 2018

I NAVAJAS ANTIGUAS RESTAURADAS POR RAFAEL WÍZNER RUIZ-ANCIENS COUTEAUX SPAGNOLS

INICIO: I LA RESTAURACIÓN DE LA NAVAJA DE ÓCCAM





Navaja capaora con punzón Arcos-Albacete

Abrió los ojos a la débil luz que, como cápsula, lo envolvía; había estado encendida toda la noche la lamparilla, velando la inquietud del profesor de filosofía. No se durmió hasta las cinco de la madrugada, y ahora el silencio del despertador lo había perturbado. Duró poco su desasosiego, no más de unos segundos hasta que comprendió que no iría al instituto pues ese mismo día comenzaban las melancólicas vacaciones de navidad.

Una vez abortado el conato de salto a la nada para que el frío lo tonificase -así hacía cada mañana durante los días lectivos- intentó restaurar la frágil ensoñación de su fatigoso duermevela.

-¿Hesse?, ¿El lobo de Hesse?; ¿la estepa de Soria?, ¿Machado y sus espinos?, ¿Doctor Zhivago?...

No llegó a  encontrar el hilo, y mentalmente se contuvo por no cagarse en Ariadna.

-¿Qué te pasa hoy, Jose?

Así, sin el acento ni la sal. Esos eran los buenos días que le espetaba el bedel, lúbrico y zumbón, del centro.

-Nada bueno...¿no ves que he venido al trabajo?, ¡coño!

Llegó a decíselo, cuando la cuerda con aquel pisaverde sesentón se acabó. Pero se había jurado poner a las aristas del tiempo, cara de diamante. "Si empleas buenas palabras, si las palabras encierran significados nobles, si el tono es cordial... el ánimo cambia. Todo será más límpido y las amabilidades ajenas florecen" -se había dicho. Claro, que la magia de las palabras, siendo él filósofo, eran de mago de primera comunión.

Aun antes de lavarse, una vez atendido apremio de próstata y tendido primer diálogo mental del día, se fue a la mesa en la que se peleaba con los autores, con las obras, con los siglos.

Le pareció que de aquel diccionario en dos volúmenes de la editorial Alianza le llegaba la portada y el aroma de las entradas florecidas.

-"¿Ferrater Mora...?, no, no".

Y mientras entornaba los ojos pleglados por pesadez y legañas, dio un golpe en la mesa; un grueso pececillo de plata había sucumbido sobre la portada de un diccionario de retórica.

Abrió cajones y rebuscó, hasta que dio con la pesa minúscula de una romana. La sostuvo de la anilla como tomaba las acerolas de las Alpujarras que ya no volverían. Se aquietó, y tentando el hierro patinado del objeto, se fue al bancal junto río  de Almería, con su abuelo partiendo un tomate mollar con la silueta del pie de un filisteo.

-"Y con la punta repartía la sal; sí, con la punta de la navaja".

No dio con el autor ni con la idea, pero el contacto con el hierro, el peso del tiempo que encerraba lo sacó del laberinto de desasosiego de una idea que le bailaba con desvaidura de pintura descascarillada.



Navaja grabada Galván

Por estas y otras ansias salió con la idea del encuentro, no la de la búsqueda. La navaja de Óccam -con la que solía amonestar a los alumnos menos sincréticos- debiera ser restaurada; que ya era solo chascarrillo, pensó, jamás útil cuando se tocaban afectos propios. "No hilo, pero sí aro" se decía; y salió de su casa nimbado el rostro por el vapor de su hálito.










miércoles, 21 de octubre de 2015

NAVAJA MACHETE DE PIEZAS EN NÁCAR-COUTEAU ESPAGNOL À PALANQUILLE AVEC CÔTES EN NACRE

Je l'ai trouvé aux marché des puces. Le couteau était sur le sol et sa peau brillait timidement.



La lame avait été changée (la nouvelle appartenait à un couteau à légumes ...), le blocage ne fonctionnait pas; Le maillechort était sale et rayé.





Je sentais qu’il y avait des chances, que sa peau était celle d’un chérubin. 




Je voulais que le couteau parlât à Nouveau, alors la musique pythagoricienne des étoiles sonnerait.



Bien sûr, j'avais bésoin d'un philosophe ou, plutôt, d'un coutelier patient.


Comme un personnage de Dickens, le couteau obtint la vie digne, légitime selon sa
nature.





Ceci est la "némésis" du précédent (Ed Mongin à palanquille): un couteau fabriqué en Espagne, au gout que un touriste –français par exemple- pourrait apprécier et, bien sûr, payer.


Ce couteau n’était pas pour le paysan, mais pour le mettre à la poche d'un étranger.




Comment a-t-il retourné en Espagne je ne sais pas le dire. Cet objet a une histoire particulière, inconnue, un défi; donc je l'ai acheté.





 Fue Francisco Valencia Linares quien quitó la hoja postiza (se puede observar en las primeras fotos que a la altura de la uñeta aparece el punzón Arcos) con su talón forrado de latón (muy curioso arreglo ennoblecedor -cuesta pensar por qué al mismo tiempo se le compuso una hoja tan mala y disonante-), quien la operó de la articulación del eje y calibró de nuevo el bloqueo, quien con policía la desrayó, la desenrobinó y la lustró; quien la haució y restauró.