Llévala aún la tagarnina don Paco. Pero nunca se le vio sacar de su estuche el alma que lo envolvió. Cuánto no hubiera lucido sacando del bolsillo cordial la funda, dejando entrever tergales, dando relumbres de cadena de reloj, encumbrando
sello de piedra, abriéndola con apresto, y extrayendo por fin la batuta de su afectación.