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miércoles, 19 de julio de 2017

2 NAVAJA NONTRON-COUTEAU NONTRON BOULE




Nontron boule (bola). Modelo del siglo XIX. A mí también se me ocurriera aquello de tomar algo que ya salió de la imaginación hacendosa de otro, partirlo o hendirlo, e insertarle una hoja. Et voilà, le couteau!

Piénsese en un bolillo, pues igual,  que para componer les dentelles allá también se valen de ellos. La casa Chaperon retomó la composición de estas navajillas, más hermosas que las Opinel aquí y en la China. Las deberían sacar con hojuelas de acero al carbono para que se patine como lo hará el boj. Esta que se presenta le fue adquista a Hefesto en la coutellerie Tilquin, Galeries de la Reine, Bruxelles. Con su funda, lo que es raro. Y el mango en sabina o enebro... 








miércoles, 29 de marzo de 2017

13 FUNDA DE NAVAJA: EL ÚLTIMO GUARNICIONERO DE JÁTIVA

Habría que recuperar aquellos tapiales con cascos de vidrio rotos, los frutales guardados tras ellos, los jardincillos acementados con rosaledas mínimas de rosas diminutas de pitiminí; las esparragueras levantadas sobre alambres en el contorno de los patizuelos, las casas del sindicato con la hornacina del patrón. Los campos quedaban al otro lado de la calle del arrabal, abandonados, yermos, poblados de saltamontes y escarabajería charra. Las fábricas más eran fincas rústicas rozadas por las acequias de aguas aún puras, con peces escondidos junto a los fresales.

El barrio se marchita con la agonía de los bancales que se asilvestran; por las noches caniculares las ranas disputan en los partidores amojonados con los almeces bravíos. Aquella chavalería campeaba, vivaqueaba, bullía, se dispersaba y medía todo el rodal desde del barrio de la Murta, del Carmen, del molino Perico hasta las Palancas en el río Albaida en el este, hasta las murallas de levante y poniente. Levantó plano con todas las hendiduras, anfractuosisdades, cuevas, resaltos de la humbría del Castillo de Játiva.

Los oficios se marchitaban: los zapateros, los arroperos, los traperos, los del arroz, el cacao y la sanguina, los tenderos, los vendedores de gollerías, lirones y chumbos,  y hasta los del cuero. De este se conoció el último que tenía casa cabe el trampolín de la piscina Murta. Íbase allí con recado de coser botas, cinturón, zamarra de moto, barbuquejo, remiendo en tira de funda de máquina de fotografiar o apaño en balón de baquetilla.  Trabajó el hombre en la planta baja, junto al huerto trasero de los convólvulos y las bresquilleras, en penumbra hacendosa y fresca. Rubicundo era, y serio; no daba réplica sino en el plazo. Como no le llegaran composturas de aperos, apañaba rotos y descosidos en lo que nunca hubiera pensado. Daba servicio a los pequeños empleados, funcionarios precarios y vecinaje en detalles de poca monta y regular provecho, al menos para él, que para los demás era dador de plazo a los utensilios de sus menesterosas vidas. Engorde de hucha y precisión. Este hombre se le viera tras sus doradas monturas ya achuchado por  edades y  consunción. Hubiera hecho bolchaca a cubierto, dado, dije, reloj y navaja. Con él se aprendió esta palabra: guarnicionero.


























miércoles, 22 de marzo de 2017

12 FUNDA DE NAVAJA: ESTUCHE DE MANICURA DE SOLINGEN/ONGLIER SOLINGEN

El príncipe ha buscado la distinción inmediata siempre, sea construyendo una tapia que rodee su chabolo, sea vistiendo un trapillo manchado con los intestinos purpurados de un caracol, sea con las caudales metálicas de un pájaro de la niebla con las que se adorna los pelos apelmazados, sea cazando ciervos del padre David en un jardín infecto, sea cohabitando con su hermana en la aberración de una costumbre sectaria.

Todos los demás, bobalicones súbditos harapientos, miraban de soslayo. Se encaramaban a los tapiales  para exacerbar el placer del electo (a este menester se construyeron los primeros poyetes o escaleras). Quien mostraba más babeo era admitido en el recinto del pazo como dignatario noble.
Anduvieron los tiempos, y la impaciencia levantó guillotinas. Otros ruines tomaron en propiedad los chalés. Con la memoria de la sangre aún fresca, ensancharan sus mangas para que los más espabilados se mirasen en los espejos con el símbolo del poder. 

El lujo es ahora democrático, se dijo.
Pero era lo mismo, la prolongación del adagio aquel: asno cargado de oro, alcánzalo todo. Empezaron a desfilar por la calle Real del poblacho los automóviles con estrella; las señoritingas con estolas de nutria, los pijobravos con escopeta inglesa y cajita de carey para el rapé. Fue esto acicate para las artes de la mano gruesa: ebanistas, grabadores, orfebres, tallistas de piedras nobles, relojeros de fantasía, armeros, mecánicos, luthiers, esmaltadores, cuchilleros, plateros, imagineros a los divino, cristaleros de ajuar, iluminadores, ópticos y taxidermistas.

La ostentación se hacía a lo grueso, como ahora, y tanta rabia había que los obreros embrutecidos más soñaran con estuchillos de fruslerías que en zarandear a los encargados de la línea de producción. Los grandes almacenes surgieron para evitar las revoluciones, al igual que los palacios de la música en los que se adiestraba a los hijos de la chusma para que trinaran ante la nueva clase surgida después del terror. Lo que no quitaba la recién obrada aspirina, lo reparaba un catálogo repleto de naderías.




Estuche de manicura de Solingen, con tres piezas (lima, tijerillas y navaja). En las tijeras aparece un punzón: ALHÖSO.
La presencia en este elemental estuche de un sutil cortaplumas habla de la precisión que este tenía. Había muchas cosas que ser cortadas, reparadas, trinchadas, tajadas, pinchadas, hendidas, atravesadas, afiladas, cercenadas, divididas, raspadas, escoriadas, abiertas, empezadas, disminuidas, aprestadas, recicladas, aprovechadas, compuestas, segmentadas o repartidas.
Como hoy no se reparte sino que se acapara, la navajilla para el viaje huelga. Los paquetes que se reciben están envueltos para labor de cútex, y esta palabra ha arrumbado el filo o la naturaleza de la primera. Ya no volverán sino en perrilleros estuchitos de la China.


 Estuche con 8,5 cms de largo,
4 de ancho
en piel tintada 
sin forro
con clip en corchete en solapa
tres departamentos para tres piezas


Navajilla de 6 cms de largo en posición plegada
11 desplegada y unos 5 de hoja en acero al carbono pulido
Punzón: Solingen
Cachas metálicas y pulidas (¿galvanizadas?)




jueves, 16 de marzo de 2017

11 FUNDA DE NAVAJA CON ALEGORÍA DEL CUCHILLO DE CAZA: NAVAJA-COUTEAU LE DONJON





La alegoría del arma blanca siempre tomó modelo en la caballeresca espada como hiperónimo de su clase (
mandoble, sableo cimitarra, florete, espada de verdugo, de duelo, de parada o aparador, espadines...); dagas, misericordias, almaradas, estoques, puyas o navajas se retiraron de la panoplia noble. En su De arte martis ( recogido en el registro bibliotecario de la Wallace collection como De officio martis) Juan de Lille, hermano de aquel  otro Alain de Lille famoso por su De planctu naturae, expone la alegoría del culter venatorius (y en él la de las hojas nobles menguadas). Es esta la de un homo venator silvestre y boscano, con capuz prendido con hojas de robur, guedejas de haya y frente glandífera; el pectus con costillar visto de hojas de sauce que paran en un esternón de  hoja de zarzaparrilla fuertemente acuminada con tres picos de flecha. En ambas sus manos dos gruesos cuchillos anchos, uno de punta desolladora y el otro de remate. Calza medias con sendos menguados cuchillitos de gozo atadillos al muslo. Los alamares de las manchas amplísimas forman enramadas cervunas de astas sin fin (símbolos de los bosques oscuros, del silvático laberinto). Apliques penden de las hombreras con lacias colas del porcus singularis; un amuleto con doble simetría de incisivos cerdosos pende de su juboncillo; pisa el cazador con un pie montoncillo de sal que figura nieva, del otro salen anémonas. Un lebrel y un dogo lo enmarcan (ligereza y tenacidad); y finalmente, dos plumas en su bolsa cosidas, de astor y de torcaz.

Se trata de un concepto netamente venatorio, biológico y estacional: el hombre señor de la naturaleza que Dios le puesto como divertimento y alacena. El giro de las estaciones, la nobleza de las piezas mayores y la disposición de este hombre panoplia tiene al señorío como trasfondo, no ocultando pulsiones ancestrales y paganas. Lo interesante de esta alegoría es que como cuenta final, dice Juan de Lille que como faltriquera lleva la alegoría una funda de madera cubierta de piel  que es la funda indistinta de los cuchillos empuñados. De fundas faltriquera hemos tratado en todas las entradas sobre la guarnición de las navajas.







jueves, 9 de marzo de 2017

10 FUNDA DE NAVAJA: COUTEAU LE PIÉTAIN VERITABLE PEGEON-RODDIER/COUTEAU L'AVEYRONNAIS


 Mossén Raimundo Lulio creyó hasta donde quiso que dentro del hombre había la estelada, como quiera que pinchosas herían, pasó de la lición a la activa meditatio yéndose al moro. No siempre se alentó la incardinación humana en su jardín natural por lo que se le ponía marco a la criatura con tal de hacer clara diferencia entre aquel y la campiña, el ejido y la calleja o placilla (perdida la memoria de ágora).  
La desnudez será espiritual y la producción, en los talleres de los pintores sacros -todos lo eran-de la virgen de la leche solo creció con el gótico florido. Era la nuditas virtualis con hálito de pajar con nacimiento.






La nuditas criminalis (líbido y vanidad del cuerpo) aparecían como exemplum per negationem (si bien no perdían los canteros en aquellas obras interminables de alucinar sirenas en los abultamientos de capiteles). El desnudo de oficio era raro en las iluminaciones de los libros de horas, en los beatos y, particularmente en los de placer (la caza vibrante en el esfuerzo  de la cinegética diera para torsos de lanceadores, flechadores fornidos y ciervos en berrea). El meramente indicial sí que ocurrió (es famosa la escultura en relieve de la mujer arremangada con las tijeras de esquilo). El pueblo bestial oscilaba entre dios y los dioses, vibraba con las lucecillas muertas que iluminaban los frescos, y se solazaba con las tablas y aleluyas pétreas en las que el nalgueo era azogue (los obispos -sabían ellos- tenían altarcillos portátiles con sicalípticas historias áureas).

La ambivalencia del desnudo vino cuando se enfundaban los cuerpos que  antes no lo estaban. ¡Se esforzaron tanto los exégetas paganos y los nuestros en educar la emoción de la carne como catapulta al éxtasis moral...! Claro que el contemplador se distraía con facilidad confundiendo ambas esferas, y el mismo ignorante que fiaba en Dios, aprendió pronto a poner deje de rapto católico.
La funda para ocultar y vestir, para dosificar la belleza y los deliquios; la funda que ocultaba, la vaina que tan a mano se toma cada vez para manosearla. A veces con lo primero que toma la mano se pone el eclipse a la desnudez acerada. No todo vale, pero casi todo.