miércoles, 16 de agosto de 2017

6 PEQUEÑAS NAVAJAS NONTRON-PETITS COUTEAUX NONTRON


 De estas se presenta la de la derecha, que es una pequeña Nontron cuyo tamaño costará de apreciar pues la que la acompaña también es liliputiense. En la fotografía inferior, se compara con la del tamaño usual para apreciar delicadezas  y límites. No tiene virola, que fuera muy acertada y preciosa si la tuviese ( le ocurre lo que las primas Opinel cuyos modelos inferiores tampoco las poseen). Es ligera como golondrina, afilada como avión roquero, elevada como chova, bella como pestaña. Y abre paquetillos, cartas, recibos y aun hojas pegadas de libros, tomando oficio que tuvieron. Se la regalaron a Hefesto desde Francia otro navajero, que allá los hay avisados.







martes, 15 de agosto de 2017

NAVAJA TAPITAS DE RAFAEL WÍZNER EN PALO DE SERPIENTE (NAVAJAS EN BAYARQUE Y TÍJOLA)











La culebra -que aquello de la serpiente no se escuchó hasta que en la catequesis de San Pedro de Játiva se la mentó- tuvo -y aún tiene- filamentosas adherencias en su significado. Se la viera en los altares, a los pies de la bóveda celeste sobre la que la Inmaculada practica pilates. En las capillas reverberantes las sombras las cobijaban, en las predelas deslucidas se mantenían en una detención constante a la espera.

Antes se oyó de ellas mucho, en Tíjola y en Bayarque, de las Almerías. Contó el abuelo Isidro que se iban al corral para buscar la ubre colmada de la cabra parida y amamantarse. Así se lo contaran a él mismo -si es el que caso que no fuera testigo-. Por los tejados, en los alerillos sobresalientes se empinaban también. Esto último se tuvo por fantástico al desconocerse la muelle y recia constitución de este reptil. Con el telón de la literatura descorrido, se excitó la imaginación inflamada con Alfanhuí el aventurero. Aquella culebra de escarcha, nocturna, que se cobijaba en un jardín cerrado cabe a un pozo. Mucho gustó leer en el Senda aquel fragmento, tanto que se leyera toda la historia con el placer de recobrar la frescura de la sangre fría.

Una vez, viniendo del Collao de Bayarque con los hermanos y el abuelo, y el hatillo de cabras, se encontrara una en aquella acequia que bordeaba el camino por lo alto, somera y estricta que pareciera obra de niños. Estaba desmayada, bañada por un hilillo de agua, tibia en su contenido cuerpo de cordón de zapatilla. Como se la tomara para ser mostrada a la breve expedición, acertó a verla una mujer, que venía en burra con verde para los animales.
-Me ha dicho un pajarito -decía siempre la abuela Remedios- que tú le has echado una culebra a una señora que iba montada en una bestia.
-¿Una señora?
Se le dieron las explicaciones, no cumplidas, que no fueran así exigidas. Nada más dijo la abuela. Creyó ella al niño y el niño al pájaro.

Ya de mocico de 14 años, en las fiestas de Bayarque, se iban unos, los que pedían el pisso, vestidos como los locos en el día del mundo al revés que todos los pueblos tenían, con una camisa en el cuello, anudada. Completa y larga. Camisa de culebra. Se buscaban estas para curar afecciones de garganta.

Y luego en Tíjola, también se deslizó.

Encontraron una en el tejado de una caseja baja del callejón que partía por la mitad la calle Oliveti, en la travesía del Amigo. Pero fue primero en esta calle de Oliveti enfrente de su número 16, en el empinado terrero que ocupa ahora el 23, la de Francisco León. Escarbando en la tosca con un palitroque, salió una culebrilla delgada como lazada de moño. Se empinó sobre sí y fue lapidada, bajo la sombra de las piteras una tarde tórrida de las de antes.

Siempre que se iba con el abuelo Ramón a la Estación, se tomaba en busca del río seco (el Almanzora) por el camino del lavadero que llevaba a la balsa del pueblo, la Canalilla. Siempre, de ida o vuelta, se detenía uno en sus muretes mochos para ver los cristales del agua sin el azogue. Las ovas imperaban en el cuadrado de sus límites. Se paraban junto a nosotros los caballitos del diablo a mojar el culo, y parecían adivinarse los renacuajos de los sapos que se escondían entre los junquejos escasos. Nada de esto sino la media docena de culebras que enrolladas sobre sí se estaban sin moverse en el fondo, rojizas como los arreboles de la tarde que allí mismo declinaba. Nos esperaban siempre, y nunca parecían despertar de su sueño de agua.
A veces, al entrar en las curva del camino que la rodeaba, el margen derecho, orlado de cambrones escondía a más de una abubilla que era sorprendida en su incesante escarbeo. Volaban confundiendo aquella hora con suavidades de atardecida...

Otra vez, en la acequia que trascurría cabe la balsa, acertáramos a interrumpir la excursión de una culebra grande, con dos rayas paralelas en su dorso, oscuras. Fue sacada de ella y acabó apedreada no sin servir después como lábaro ominoso con el que se incordió a dos gitanas maldicientes en la plazuela de los chinos de esta misma Tíjola. Una culebra de escalera, la misma que una tarde de recolección de capota por encima de los Cortijicos se halló por la cuadrilla de niños (Rafa, Paco, Antonio, el primo y Pedrín de Anita). El mayor de los hermanos la cogió, negra y menuda, con escalones blancos sobre sí. Del extremo, para mostrar valentía; no se matara sino que se la devolvió al empolvadísimo carretera sin tráfico en su orilla.

Muchas veces más se vieran en su sombra, cuando dejaban la piel seca entre los pinchos de las alcaparreras o a los pies de la retama.


NAVAJA TAPITAS DE RAFAEL WÍZNER EN PALO DE SERPIENTE






NAVAJA-COUTEAU ISSARD LE BOULEDOGUE EN IVOIRE

NAVAJA-COUTEAU ISSARD LE BOULEDOGUE EN IVOIRE DE MAMMOUTH

La fin : le plaisir de la vérité ou l'homme qui tourne autour des couteaux.




L'ellipse n'est pas un chemin étranger (cela a été déjà dit par Copernicus et Galilée).




Mais pour suivre le parcours elliptique on doit, naturellement, chercher un centre de gravité permanente (à ce moment, une chanson de Franco Battiato tourne autour de la tête).






Ce centre est, cependant, intouchable: la foi pour ne pas tomber dans la tristesse troublante.







Je viens de me rendre compte de que tout cela pourrait avoir été dit avec le conte de l'âne qui suit une carotte attachée à un bâton ... Et un muletier monté à lui avec un couteau superbe à la poche, bien sûr.




jueves, 10 de agosto de 2017

5 NAVAJA NONTRON-COUTEAU NONTRON À TARTINER






 Un pequeño Nontron, una navajita para la mantequilla, pour tartiner... Menuda y práctica, que se daría uno a la crema mantecosa, salada o dulce, y haría asco al aceite. Vino sin filo, que no hendiría ni el agua. Presenta en su punta ensanche espatacular, lenteja como la de algunas navajas de Italia que parecen cuchillos eucarísticos. Se compró en la cuchillería Artero, en el Call de Barcelona. Y fue cara dada su incorporeidad. Me viene al recuerdo la Natasha, aquellas pseudo mantequillas, margarinas desabridas y primeras que se manducaban. De aquellas manducaciones viene esta navaja Nontron, y otras de niño que ya se pusieron.







jueves, 3 de agosto de 2017

4 NAVAJA NONTRON COLA DE CARPA-COUTEAU NONTRON QUEUE DE CARP





 Le queue de carp. Yo me pensaba que este era uno de los folclóricos, en la estela de los neorregionales. Claro que cuando entendí la explicación fiat luces. Si a esta se la coge con una sola mano, apoyando la horquilla del pulgar y el índice en la depresión ondulada de la cola -al modo de una jeringa o churrera- se tendrá un bisturí. Me parece, quizá, el más particular de todos los Nontron, incluidos los modernos a los que se les embuten cristales de Swarovski  y taraceas de maderas nobles o alumninio. Parece que este es un modelo retomado de "la tradición" (yo no he visto ninguno de "la tradición" con esta cola ...). Pero pudiera ser, si no fuera por que los franceses se atienen a ella con inusitada frecuencia.




jueves, 27 de julio de 2017

6 NAVAJA MULTIUSOS FRANCESA-COUTEAU MULTIFONCTIONS- RELATO "LAS NAVAJAS DEL VERANO".



SEXTA PARTE:  LA RESOLUCIÓN, EL CAFÉ DEL TIEMPO Y DOS MACHAQUITOS AMARGOS

En los sillones orejeros del casino se sentaron cuchillero y profesor ante la panorámica de la cristalera.
-Pídame, Rafael, por si viene antes de que yo regrese, un café descafeinado de sobre, cortado, con sacarina, y del tiempo.
-No vengas con melindres...¿del tiempo es con hielo, no? Pues dilo así, que no te vas a sacudir el mote del lomo. ¿Y dónde vas?
-A la farmacia de Reche. Ahora le digo.

Trajo Manolo, el camarero titular del casino, la comanda. Wízner no tocó la suya hasta que regresó el profesor.
-Nada, he ido a preguntar por si habían vendido material de cura... Ya sabe, mercromina, vendas...
-Pero si eso es corriente, no sé dónde vas a parar.
-Pues a la mano. A lo que me parece, los arrebatadores del olivar no se valieron de herramientas de corte sino que arrancaron los árboles como si se tratase de hortalizas.
-Existen los guantes, Antonio.
-Y la improvisación, Rafael. Quienes lo hicieron no eran jornaleros del campo, ni sabían bien cómo hacer aquel trabajo.
-Y eso lo lleva a …
-A preguntar en el dispensario. Ya me ha dicho Juan Cristóbal, el celador, que en estos días nadie ha ido a una cura de manos. En la otra farmacia no ha habido suerte.
-¿En la de Reche sí?
- No lo sé aún. Déme media hora y se lo confirmaré. Háblame mientras de los Escudero. ¿Cómo trapichean en lo de las antigüedades? Peristas a lo que creo, también vacían pisos y casas en toda la zona, y hasta en los Madriles, dicen.
-No estás cojo, Antonio; sabes más que yo. Pues ya los ves, mueven mercancía sin ocultarse. Si vamos hacia la fuente vieja allí los verás ahora, están en sahariana de lino, cerveceo y cambalache. Se les ve sacar y meter cuadros, mueblerío de iglesia, esculturas de bronce, escayolas. Vamos, eso lo sabrá hasta tu amigo el cabo.
-Ya. Están denunciados, y se hace la vista gorda porque de los delitos, los suyos no son los graves. A veces compran mercancía a los payos, cantareras, lebrillos, romanas, navajas viejas, trillos, alcuzas, cromos antiguos... y mucha carcoma.
-Y hasta navajas de descarte, que estamos en vivar cuchillero.
-Sí. Yo lo que quiero saber es cómo lo venden fuera del pueblo.
-Que yo sepa, dicen que se los ha visto en el rastro de Madrid. Allí están dos o tres hermanos, padre o tíos de Dionisio, el gitano con el que hablamos.
-Vale, ya adelantamos. ¿Les ayuda alguien más?
-Hombre, se les ve con otros gitanos y no solo de la comarca; no sé, de la Solana... Y a veces les trabaja algún rumano.
-¿Rutanos? -lo dijo sin ironía el profesor.
-No. Aquí hay alguno que de tanto en tanto se llevan para cargar, montar sus paradas donde vendan, en el rastro, por ejemplo....
-Pues ya está. ¿Tiene usted ahí el móvil?
-¡Joder, Antonio, un profesor sin teléfono! No sé a qué espera. Tenga.
-No me lo dé, no sé el teléfono del cuartelillo. Me pasaré ahora después.

Tras algunas reconvenciones del cuchillero bien recibidas por el filósofo, dejaron el casino con cita fijada en horas no caniculares.

En ese momento, cuando el lento crepúsculo de la anochecida se va cuajando, salía el vecindario a los paseos por la travesía. Los obreros de los escasos talleres, el mocerío de los supermercados del polígono, los que laboraban el campo... todos ahora aseados y con ropilla fresca. A esta tropa recién duchada veían pasar cuchillero y profesor por los ventanales del Casino.

-¿Qué te ha dicho el cabo, Antonio?
-Se lo he dicho yo a él. En la farmacia de Reche el mancebo es exalumno mío.
-Y todo el mundo te conoce por tu afición tanto o más que por tu profesión.
-Me ha dicho que sí, una rumana o búlgara blanca compró vendas, Betadine, algodón... Y la judicial ha hecho lo que debía. Se han encontrado al marido con las dos manos llenas de borregas reventadas.
-¿Qué borregas? Sea usted cristiano.
-Bambollas. De pena. No podrá coger herramienta en una semana al menos.
-Colorín colorado... Pero eso creo que tú y yo ya lo supimos el otro día.
-Una cosa es la verdad y otra la justicia.
-Antonio, que se apañen entre ellos. Mira que te lo tengo avisado.
-Los Escudero sin agua porque Anastasio y su pozo para el goteo los desabastecen. Por cierto, ambos pozos, ilegales.
-Como el noventa por ciento en La Mancha. ¿Y lo de la navaja francesa? ¿Cómo ha quedado?
-Es con seguridad mercancía de ellos. Como me ha dicho usted, venden antiguas que compran a cuchilleros de aquí y de Albacete, más las que arramblan de los pisos que vacían o que reciben de sus trapicheos.
-En la navaja no ponía el nombre de su dueño, Antonio.
-Fíjate, a veces ceden piezas a una tienda virtual: Zonacolección. La llevan gitanos de Madrid de la calle Carneros.
-¿En el rastro?
-Claro. La navaja la han retirado de la venta. Está la descripción pero no la foto. Responde a la que encontraron en la finca de Anastasio. 
-No me cabe la menor duda. Al Escudero que dirigía los trabajos de desarraigo se le caería...
-Seguro.
-Es una firma, lo sabes.
Antonio, profesor de filosofía, bajó la cabeza y se abismó en las geometrías de la vieja baldosería  hidráulica.
-Ahora todo está en la calidad del cante jondo del rumano.  -Ante el gesto serio de Wízner, tuvo Vizcaíno que aceptar prevenciones-. Sí, ya sé, uno mafioso y corruptor, los otros, chalanes, peristas, cambalacheros de ventaja...
-Un muchacho amargado, varios guardiviles guasones... Y no ha habido muerto que llevarse al coleto.
-Pero sí un pringado.¡Manolo -se dirigía al camarero que en la barra aburrido, repasaba un Marca del día anterior- ponnos dos Machaquitos con hielo! No nos amarguemos -dijo impostando ahora la  voz .
-Dos... -repitió en voz queda Wízner.
-Ya.
-...pringados.

FIN