lunes, 24 de octubre de 2016

LA CUCHILLERÍA DEL PANIER EN MARSELLA-LA COUTELLERIE DU PANIER: L'HADES AU MANCHE EN COCOBOLO




Dans l'atelier de Praxitèle le meilleur étudiant pratiquait jour et  nuit  (c'est juste une façon de pondération parce que les grecs  ne pouvaient s'occuper à certaines heures que de leurs orgies) pratiquait la sculpture des regards. 





Il ne dépassa pas les autres à cet égard, et toutes les sculptures ont eu toujours l'apparence des  dauphins en plâtre  (il y a qui parle de l'idéalisme ...). 


Il suffit de dessiner deux points pour obtenir un visage ... inexpressif.


Les marins  profitèrent de ce méthode pour avoir un GPS. Le regard des cétacés les guiderait  à l'obscurité de la Méditerranée antique. 




Et ils ont mis des yeux sur les voiles,  à la proue, au  profil des faces à les cratères ...



 Chaque fois,  l'œil et de l'eau. 
(Suis-je le seul qui voit à l'axe de la lame un œil de chaque côté?)




Ils étaient audacieux ces achéens car ils n'ont pas hésité: par un égout ils arrivèrent au monde souterrain et naviguèrent sûr l'Hades.

Ici, l'eau est opaque et les tourbillons étaient noirs comme le bois brûlé. 





Donc, nous aurions 1) une lame ventrue comme une voile, 2) un poinçon comme un système moderne de navigation, 3) un manche en cocobolo rougeâtre et noir comme les eaux de l'inframonde, et 4) un touriste avec l'ordinateur qui venait de visiter quatre musées...


sábado, 22 de octubre de 2016

2 NAVAJAS DE CHARLES COUTTIER-COUTEUX DE CHARLES COUTTIER: TOUT USAGE




Ejemplo es de cómo la realidad sale de un papel y ocupa el espacio que antes tenía en la imaginación -en el deseo, más bien-. De esto ya supieron los tenderos e inversores que en el diecinueve vislumbraron las posibillidades de los grandes almacenes como boticas con que curar la melancolía y salvar rupturas de matrimonios burgueses. Las galerías imprimieron catálogos con los artículos que podían vender-comprar; los enviaban  a los domicilios tal que hoy se hace con los de Avón.

En el dibujillo fiel ya se abrían ganas, que se acrecentaban con la espera -si es que uno no pudiera acudir al mismo negocio y comprar el corte de tela, los guantes, el costurero o tabaque, la navaja de manicura, las tijerillas de bordar con pico de cigüeña, el sombrero de castor, la petaca, la polvera de nácar de Manila, el quinqué o la biblia en cuarto con tejuela dorada.




Cuando se leyó aquel librillo diminuto, casi panfleto-prospecto, en las tórridas tardes de Bayarque de Almería, la imaginación secó el seso y la idea de aquella navaja fue obsesión. Encabada en amourette, con tornillos por pernos y cierre de camisa. Más armónica que navaja, más tapa de piano 
que cacha, más ensoñación que necesidad.

Corrió el tiempo con sus veloces alillas en los talones y el artesano envió lo que no se pudiera encontrar en ninguna cuchillería. Se quería uno que tuviese dos hojas enfrentadas pero ya no estaba disponible esa quimera atravesada. No pareciera francés, que estos mucha afición tienen por lo que les viene de los Estados Unidos de las Américas. No hay otro
 que pueda lucir tan bien el vestido de madera, esas lisuras son vastas, esas curvas son de playas, esos brillos son de espumas, esos limazos son de arrecifes, y ese cuerpo es de marinero que toma una armónica -sino la armónica misma-. Voilà. Ocupó sitio y desplazó el sueño cuyo oleaje me viene importunando con constancia.








Ya no se fabrica, a lo que creo; que ahora Ch. Couttier lo hace llamar Le nouveau Charly, y ha perdido una o dos curvas (si más eficaz, marea menos).

domingo, 16 de octubre de 2016

1 NAVAJAS DE CHARLES COUTTIER-COUTEUX DE CHARLES COUTTIER: LE COMPAGNON


 Se le conoció aquella ocasión en les Galeries Saint Hubert, en la Coutellerie du roi. Como no se los viera antes -ni después, verdaderamente- se ello cuentas en ellos. Una xiloteca fueran. Sus tornillos, que no pernos, sus sinuosidades, los limazos en el lomo de su falso resorte, la fineza de sus mecanismos llamaron a nuestros ojos.

Luego ya se cayó en que eran más bien rusticidades preciosas pues su falta de brillo a espejo y la anchura de los dibujos de los "guillosaches" como su serpenteo meandroso, las maderas sin carnaubas ni grasas de lustre... más decía de cuidado despiste que de negligencia artesana. Este parece un hipocampo si se le toma enhiesto y se mira a sus ojuelos: parece que fuera a enroscarse en el pulgar y a desplegar trompa y aletillas pectorales. Fuera el primero -y el príncipe-, que llegaran más...













jueves, 13 de octubre de 2016

4 CUBIERTOS PLEGABLES-ANTIGUOS CUBIERTOS DE JIRA: MERIENDA EN LA HUERTA DE BAYARQUE




Se afilaba una blanca rama de mimbrera y junto al tronco, en la muelle arena gris, se desplegable la frugal merienda. Se había antes acechado al palomar que se iba a los garbanzos a embucharse con las legumbres sequizas. Ya se había escabucheado en el pimentonal, se habían atado cañas en el tomatal, se había apacentado el breve ato de cabras serranas de Los Filabres. La vega había vibrado toda  con los suspiros de las tórtolas, el hervor del chamariz, las delicuescencias de las espantadizas pájaras negras del parral, con el alirado silbo de los colorines y los camachos pechirrojos, con el timbrado golpeteo del herrerillo, con el grave y espantado bucheo de las abubillas, con el zureo de las bravías, el chillido de los vencejos reales y con los múltiples graznidos metálicos y rebotantes de las chovas en la Cerrá de Bayarque. Y ahora se partía un tomate de medio kilo, se le aplicaba una punta de sal que se guardara junto con el Rospkof y se repartía el canto de pan. Con las varillas de la mimbrera, y a su sombraje, se tomaban los gajos sabrosos en las tardes cálidas del agosto.




viernes, 7 de octubre de 2016

3 CUBIERTOS PLEGABLES-ANTIGUOS CUBIERTOS DE JIRA




Nos adelantaremos a la siguiente entrada observando que el tridente contenido o tenedor, horca o fourchette, resulta de la multiplicación de la potencia del aguijón, del punzón, de la flecha. De industria es cuando en la fiambrera se pincha como se cazara o pescara en las albuferas, en las enramadas o en el Coliseo. Lo usara el reciario junto con la red para oponerse al mirmidón espadado. Es, fue, arma protectora que en lo moral se ve como la triplicación de la culpa en los tres impulsos primarios y principales: en la nutrición, sexo y espíritu. Se le asignó al dios Neptuno, poblador del subconsciente que acoge a monstruosidades y a formas inferiores. Se le opone a la trinidad.

Poseído y utilizado en los desayunos comunes y compartidos, es eje benéfico si es bien usado, favorable varita mágica que descubre pozos, sino de agua sí de concordia. Se inventó en múltiple convergencia en tantas partes que no se le concede -ni pudiera concedérsele- autoría, que en tantas playas y marjales se le tuvo que es invento genuino del hombre, como la maza o el cuchillo. Si fijara para ello en los dientes de las bestezuelas del mar, finos, incisivos, múltiples. De tanta querencia que atributo del bien y del mal ha sido. Puesto en mano de Lucifer o tomado como cruz deformada para hendir espiritualidades o tajadas de carne en el honestidad del sustento...











sábado, 1 de octubre de 2016

2 CUBIERTOS PLEGABLES-CUBIERTOS DE JIRA



Seguramente fuera el abate Bringas. No lo refiere el Diccionario biográfico español que sí da noticia de sus iluminaciones, encarcelamientos y dicterios. El atildado erudito D. Francisco Rico no entra por donde nosotros lo hacemos, pero sí que lo pinta como clérigo cerbatana, sablista y sectario. Este libelista sí que se paseó su desaseo por la rue Saint Honoré (así nos lo pinta ese exacerbado experiodista amigo de latines que es Arturo Pérez Reverte -que si se invirtiera apellidos favor sería para la imprenta y su acuciante brevedad-). Parece que se ganó la vida y se sacudió sus miserias, que no eran pocas, traduciendo a Rousseau y, lo que será más relevante a lo que nos incumbe, a Diderot.

Fue el abate ajusticiado el día que Robespierre perdió pie y cabeza, el tercer cercenado de cabeza aquel día histórico. Seguramente se lo mereció cumplidamente aquel fervoroso sanguinario y delator, traidor de amistades. Pero nos conviene verlo antes de aquel día en que el invento de Guillotin logró histórica notoriedad. Bufón agudísimo, encanallado libertino frecuentó hoteles y palacetes en los que era atracción antes de que la revolución enturbiara la movida ciudad de París, cuyos pizarrosos tejados y elevados floripondios remedarían los de un camposanto no a mucho tardar.  De cómo aquel aragonés carpanta y remendón, sublime tiralevitas, se agostó a la sombrá del conde de Aranda está bien documentado. No lo está, a lo que parece, sus codeos con libreros y con pensadores. Diderot, el enciclolpedista, tuvo padre cuchillero fino, de los que hacían estuches con forro de raya y cubiertos de gentilhombre en oro, carey y ébano. 
 Para boutique de la rue Saint Honoré parece que compuso, a partir de un estuche inglés que le vino de Bretaña, unos cubiertos cuyas longitudes se escamoteaban para contenerse. Fuera obsequiado el jocobin fou español con uno de aquellos. Como quiera que el de Bringas viviera a salto de mata, lo colocó a unos compatriotas en el hotel del embajador español. No se gastara los luises en adquirir deleites de mozas de tienda que enlazadas como refinados productos eran el anzuelo para los que buscasen entretenidas que entretener. Llegó el estuche a Madrid y pasó por el arco de cuchilleros aligerándose de ornatos y luises que se trocaran en reales, platas y cuernos. Del galuchat se vino la cabritilla y la plata sobredorada dio los damasquinados. No circuló tanto que se tuvieran fuera de la corte pues se anduvo casi un siglo -quizá algo menos- para que los chocolateros, los negreros, los tenderos de los ultramarinos, los sombrereros, los boticarios, los oficiales de las infames guerras finiseculares los tuvieran; y aun los llevasen en los coches de los trenes que ya partieron.