Chocara que estas navajas, la primera una navette y la segunda un limonnadier, estén compuestas tan arriba, casi en el círculo polar ártico, que para Hefesto una vez que se salta uno los Pirineos, todo es bruma y hielo. Para la exportación por el sacacorchos, que allí entonces no tenían viña. Pero, en todo caso, son navajas de caballero -señorito- que podrían llevarse como nota, y podrían ser usadas (al menos la más pequeña) en la doméstica y personal higiene pues tiene una lima de manicura. Es notable el sacacorchos de esta, no se ha visto otro mayor ni con tantas vueltas en una de su tamaño o mayor. Es de ingenio como se escamotea a lo largo de su flanco inferior, el opuesto a las hojas. Pareciera un virus según se representaba en el Consultor de 5º de EGB. Magníficas y aseadas navajas, rara y curiosa la más pequeña. No se encuentran así.
Blog sobre navajología y filosofía hoplológica de la navaja.
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jueves, 22 de noviembre de 2018
viernes, 16 de noviembre de 2018
31 NAVAJA DE NÁCAR SUECA EKA-COUTEAU SUEDOIS EKA AVEC LES CÔTES EN NACRE
Hubiera que haberle llevado, si es que Hefesto puede sufrir la burla, el viático si cabe la estutua colombina no hubieran aparecido los puestos. Se arrimara aparentando la desenvoltura forzada de un pisaverde. Como viera el dueño que las abría y cerraba sin chasquido, con gestos rápidos y decididos, lo interpeló: "Bajo tiene más. Como he visto que parece que sabe lo que hace no le he dicho nada, que aquí muchos tocan y molestan". Abrió la cajilla de cartón y viera un buen montón del que en menos de un instante rescató esta. "Es la mejor, sí" le concedió con sonrisa que reconoce el conocimiento en esta materia de Hefesto. "Si está dispuesto a gastarse algo más le merecerá la pena". Hefesto no lo dudó y en respuesta la añadió al resto de las escogidas. Se despidiera con la noticia de que el anticuario del puesto poseía más unidades y que si se pasaba, encontraría lo que buscaba.
miércoles, 7 de noviembre de 2018
30 NAVAJA DE NÁCAR SUECA DE ESKILTUNA-COUTEAU SUEDOIS AVEC LES CÔTES EN NACRE:
Respingando se le pudo observar a Hefesto en aquella plaza, entre los puestos de anticuario, cuando sobre un libro de pasta española la hallara; se colocó mejor los bagajes que le importunaran mientras oía como con despejo el vendedor le enseñara lo que era una navaja. Aun antes de que le hablasen la compró sin que el otro lo entendiera, que tenía el puño apretado sobre el sobado monedero de cabritilla. Miró fosco a Hefesto dada la agitación que notara, y los deliquios cuando se la entregó pobremente envuelta. A Hefesto la vista se le bizqueó y paraba sobre una badana que rebosante de hileras de relojes de bolsillo estaban parados a su izquierda, por lo que también se los ofrecieran. Nada más oyó después de que la respuesta fuese no a la interrogación sobre otras navajas semejantes. Y aún lamisneó como tábano por los tenderetes cubiertos y atestados de mirones ociosos antes de salir por la callecilla de la Paja.
jueves, 10 de septiembre de 2015
8 NAVAJAS EN PORTUGAL: NAVAJA INGLESA Y NAVAJA SUECA
Los del septentrión, boreales, dipsómanos en soledades, se trajeron de aquella latitud el bloc y el pencil para echar cuentas. Como les salieron -y yendo mal poco arriesgaran- aquí pusieron emporios. Huelva, Los filabres de Almería son los dos que más me rozan. Chuparon el hierro de la sangre de serranías y marjales. Poco dejaron sino sueldos del hambre, vías enrobinas, trenes del mineral y juegos de patanes.
Quien más miró a las islas fueron vascones, cántabros y burgueses mediterráneos. Y fueron amos a la inglesa. Hoy pululan los guiris mirando escaparateo. Les priva el café con leche hirviente a la hora del zénit solar. Acompañarlo suelen con bollos y natas. En Oporto las hay para ellos por doquiera que uno camine. Hermosísimas porciones expósitas en abigarramiento. Aturdidos, el dedo ponen a la más abultada o colorida o chorreante de cremas.
Se levantaron hoteles con ínfulas, a la Victoriana; enmoquetado rojo y chapado en roble; latonerío en derredor cual camarote de corso; combinados a la ginebra, y almuerzos en bandejas de Sheffield colmadas de huevos y tocinetas. Cual el Grand hotel do Porto.
Paseantes de ordeño, pronto los de Oporto quisieron y supieron dar a los pálidos lo que necesitaran. Amoldáronse a sus melindres y apañaron el bacalhau encofrándolo de papas. Los postres -mucha avidez mostraran- los inundaron de cremosidades enjundiosas, verdaderon floripondios en boles.
Como catarsis cómica veían o miraran. Los excesos católicos de las iglesias prosperan en las igrejas portuenses. El almíbar reparador de morbos es expande en estucos, trampantojos, imaginería, urnas o pastóforos. Las reliquias en pecera gozaron de mucho favor para señalarlas con el dedo de la perfidia. Y se daban cuenta de que estas eran semejantes en todo a las copas de postre que acabaran de tragarse: tulipas o barquichuelas en colmo de densidedades y empachos.
En sus correrías por Oporto no todo lo aprehenden los ingleses, que algo se les escapa -salvados la palidez, los sombreros, tatuajes, jergas, y narices altaneras-, pero no los licores.
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