sábado, 23 de agosto de 2014

NAVAJA JJ MARTÍNEZ DE ESTAJE EN ACERO AL CARBONO (DECAIMIENTO MONUMENTAL DE LA CIUDAD DE BAZA)

El viaje al símbolo solo es inmediato cuando el viajero vive en él; si median distancia, ignorancia, desmemoria cumple andar, avanzar un pie y estar de camino. 

De los Tíjolas, por la Tejera, bordeando la Muela, se pasa por Andalí (valga la ortografía) hasta el encastillado Serón al que se circunvala con culebreo continuo hasta encimar los llanos mesetarios que se abrirán en Hijate, en Caniles. 

Las amplitudes se extienden tras los ramblizos que cicatrizan pinares blancos; después vendrá la llanada que abotargó al arriero. Bernias coloradas, pajizas rastrojeras en agosto, sombrajes de débiles almendros. Allá bordea una relíctica olmeda, acullá espumean los tarayes sobre la camisa de los turbiones. Una cortijada se indica por su añoso peral, de aradas circundado; y pálidos ramajes de carrasca sucumben en las lindes de los panes. Baza se atisba.

Atrás quedaron las aradas de ribetes colorados, los calmos amarillos, las crespas terreras. Ya la eminencia coronada, se topa el caminante angustiado por los ardores de agosto con los caños de agua con helor de gruta (es este el primer aldabonazo de una ciudad que antes que andaluza fue Castilla -si es que lo mismo no lo han sido siempre-). 







Palacios arrumbados y casas de blasón desaliñadas, torres abatidas, columnas mordidas por el tiempo y la incultura...


Las pocas maderas de los portones esculpidos son acosados por el grafitti, la sequedad, el polvo lacerante que los ventorros disparan, y la indolencia municipal. Robados se han, como en otras villas agonizantes, las aldabas, los apliques, el cobre. Y a la durmiente población se la despoja de los aderezos. En vano ruge el león  de las puertas que duerme el sueño de las navajas.








Algunos negocios tradicionales languidecen con desidia, en lo que antaño fueron las calles del comercio a las que acudían cortijeros de cincuenta quilómetros a la redonda, anulándose los límites provinciales. En el caso del cuchillerío, si uno baja por la calle de los Caños dorados acabará topándose con la armería Azor, que mudado se ha tiempo hace al arrabal de las rotondas. Si se encamina hacia la plaza del museo, de la iglesia y del ayuntamiento, la armería Ruiz le sale al paso a la derecha (colonizada por navajerío chino de Martínez). Enfrente, la casa Pardo dormita con su cajonerío de quincalla; en el escaparate unas injertadoras de Ramírez presentan armas.

Pasó desapercibida la mercancía de La clínica del calzado (que no el nombre). Como se insistiese, a la vuelta -en Caños dorados 3- , se entró al anunciarse en los carteles material de coleccionista. Magnífico surtido de Victorínox, alguna Spyderco china y un verdadero muestrario de JJ Martínez.


Se atendió con obsequiosidad, honestidad, comedimiento y educación. Se pescó esta (una serpeta de madera bicolor poco vista -en cuyas cachas se reproducían las lindes del Chateau 
St Emilion- irse quiso  con otro, que no conmigo).


Con el sabor de lo antiguo ("retro" dicen ahora), de lo que ya no se llevaba pero vuelve. No se acierta a saber si el material sintético se le ha puesto con la intención de levantar la memoria o si solo se ha sopesado el poco peso de los bolsillos.


navaja a estaje
muelle de orejas
palanquilla clásica
cachiplástica con tres pernos por cacha (dos de latón)
casquillos en chapa
hoja de acero al carbono
11,5 cms cerrada
21 cms abierta
(y en lo más, dos galletas maría de grosor)


Unas cuantas se manosearon, pero entre las cajillas entró por el ojo esta. Luego se indagó la naturaleza del acero, pues lo que llena ahora es el aliado con carbono en la cantidad suficiente para que la hoja se ensucie como la corteza de un árbol, como el culo de una sartén, con los colores de los pegados de las migas (negro, blanco, dorado).


Esta marca ha retomado el afán de grabar a martillo su punzón (al menos en algunas piezas), como era la tradición y cordura, pues al acero le sienta bien la fuerza del golpe.


Y es que el color del cachaje era raro, es decir, poco visto. No se trataba del plastiquillo pobretón al que se encomienda el engaño, dando gato por asta. Verde, verdosillo ocre, crema, desvaída negrura...tal el plastrón de un galàpago, el pellejo de un saurio.

El patriarca atacando la cornamenta de un ciervo -quién sabe si de Cabañeros-.

Miseria, esfuerzo, magro sueldo, infancias breves. ¡Qué no aprendieran estos en una escuela de artesanía moderna! La formación profesional ahora es solo para alumnos desaventajados, cerriles algunos, apartados por un sistema que solo ejerce funciones de guarda, que nada les podrá enseñar.

Esta marca ha sido honrada en la persona del padre de la familia, D. Juan José. Parece que alguna medalla se le ha dado...En otros países, empresas similares como puede ser Au sabot en Francia, reciben la distinción como patrimonio  cultural vivo. ¿La navaja cultura? Se saltan las lágrimas. Aquí es cosa de gitanos, consumidores, delincuentes...

Debiera esta empresa tener un control de calidad pues es frecuentísimo encontrarse con piezas que tienen tembleque en la hoja, pernos con aristas y falta de pulido, ajustes desajustados entre cachas y virolas... En lo demás impecables: opalinos cuernos, adornos de latón dorado, siluetas airosas; pero... No debiera examinarse una estantería entera llena de cajas colmadas de navajuelas para poder encontrar solo una  útil y bella.




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